¡Hola a todes! No os voy a engañar, hoy escribo para quejarme. MJ y yo hemos acudido, como cada año, al festival Celsius 232 en su año más complicado y polémico. No obstante allí fuimos, armadas con mascarillas, gel desinfectante y mucha ilusión. Y pasó algo que nos puso un poco... nerviosas.
Este año hubo un gran número de autores y autoras que escribieron novelas vampíricas, así que el festival se centró en esta temática para organizar las charlas. Una de ellas resultó ser una mesa redonda para hablar de la figura del vampiro en Europa y su evolución. Y una de las ponentes mencionó (y cito) que había que rescatar la figura del vampiro después de que la destrozaran con esos que no mencionaremos pero que brillan. Según ella, el género quedó tan hundido que hay que renovarlo volviendo al origen.
Ya habíamos oído varios comentarios parecidos de unos cuantos escritores a lo largo del festival, así que con éste ambas llenamos el cupo. Por eso se nos ocurrió que yo escribiera una entrada sobre por qué me parece de posturetas y clasistas meterse con Edward Cullen, aunque piense que la saga de libros me parece objetivamente mala. Y ya de paso mencionar que, para tratarse de autores que se creen tan buenos, podrían ser un poco más originales, porque el chiste del vampiro que brilla se quedó ya en 2016.
















